Un fin de semana en el Centro Histórico de la Ciudad de México, sin prisas

Dos días bastan para recorrer el corazón de la ciudad a pie, comer bien y regresar a casa con la sensación de haberlo vivido, no solo de haberlo visto.

Vista del Zócalo de la Ciudad de México con la Catedral Metropolitana y la bandera monumental

Mucha gente que vive en la Ciudad de México pasa años sin darse un fin de semana completo en el Centro. Se va por un trámite, por una compra en la calle de Donceles o para ver una marcha pasar, y se regresa sin detenerse. Y quien viene de otro estado suele llegar con una lista tan larga que termina corriendo de un museo a otro con el celular en la mano.

La propuesta aquí es otra: dos días a pie, con pocas metas y mucho margen. El Centro Histórico se disfruta más cuando uno se deja un rato sin plan.

Antes de salir: lo que conviene revisar

El Centro cambia mucho según el día. Entre semana hay oficinas, comercios abiertos y tráfico; el domingo es otra ciudad, más familiar y más lenta. Si puedes elegir, llega el sábado temprano y quédate hasta el domingo en la tarde.

Revisa antes si hay algún evento en el Zócalo. La plaza se usa seguido para ferias, conciertos, manifestaciones y ceremonias oficiales, y eso cambia por completo el ambiente y los accesos. No hace falta cancelar si hay algo, pero sí ajustar la ruta.

Los horarios de museos y recintos también se modifican con frecuencia, sobre todo en días festivos. En lugar de confiar en lo que viste hace un año, consulta la página oficial de cada lugar la misma semana de tu visita.

Sábado en la mañana: el Zócalo y sus alrededores

Empieza en la Plaza de la Constitución, que todo mundo conoce como el Zócalo. Temprano, antes de que el sol pegue fuerte, es cuando mejor se aprecia su tamaño. De un lado está la Catedral Metropolitana, con el Sagrario pegado a ella; del otro, el Palacio Nacional, que ocupa todo el costado oriente de la plaza.

Date unos minutos para ver la Catedral por fuera antes de entrar. Si te fijas, notarás que el edificio no está del todo derecho: el suelo de la ciudad, que fue lago, se ha ido hundiendo de forma desigual durante siglos. Adentro, lo que más impresiona es la escala y la cantidad de retablos, pero también el silencio que se siente apenas cruzas la puerta.

A un costado de la Catedral están los restos del Templo Mayor. Aunque no entres al museo, desde la calle se alcanza a ver parte de la zona arqueológica, y es una buena manera de entender algo que se olvida fácil: debajo de todo lo colonial sigue estando Tenochtitlan.

Para desayunar

En el Centro hay de todo, desde cafeterías con décadas de historia hasta puestos de tamales y atole en las esquinas. Un desayuno de pie, con un tamal verde y un champurrado, también cuenta como experiencia. Si prefieres sentarte, las calles alrededor de la Catedral tienen varias opciones con mesas junto a la ventana, ideales para ver pasar a la gente.

Sábado a mediodía: caminar hacia Bellas Artes

La calle de Madero es peatonal y conecta el Zócalo con el Eje Central. Es probablemente la calle más transitada del Centro, así que tómala con calma. Vale la pena levantar la vista: muchos edificios tienen fachadas trabajadas, balcones de herrería y detalles que pasan desapercibidos si solo miras los aparadores.

A medio camino está la Casa de los Azulejos, reconocible por su fachada cubierta de talavera. Un poco más adelante, del lado derecho, el Templo de San Francisco queda por debajo del nivel de la calle, otra muestra de cuánto ha cambiado el suelo de la ciudad.

Al final de Madero aparece el Palacio de Bellas Artes, con la Torre Latinoamericana enfrente. Si te interesa el arte mural, revisa qué exposiciones hay; si no, basta con rodear el edificio y cruzar a la Alameda Central, que es un buen lugar para sentarse un rato a la sombra.

Sábado en la tarde: mercados y calles con otro ritmo

Después de comer, aléjate un poco de lo más concurrido. Hacia el sur de la Alameda, por el rumbo de López y Ayuntamiento, está el Mercado de San Juan, conocido por sus productos poco comunes: quesos, carnes, frutas de temporada y algunos ingredientes que difícilmente encontrarás en otro lado. Aunque no compres nada, recorrer los pasillos es entretenido.

Otra opción es la calle de Regina, al sur del Zócalo, que es peatonal y tiene un ambiente más relajado, con bancas, árboles y pequeños negocios. Al caer la tarde se llena de gente joven y de vecinos que salen a platicar.

Domingo: el Centro más tranquilo

El domingo temprano el Centro está notablemente más vacío. Es el mejor momento para caminar hacia el norte, a la Plaza de Santo Domingo, con su templo y los portales donde durante mucho tiempo trabajaron los llamados evangelistas, escribanos que redactaban cartas y documentos para quien lo necesitara. Todavía hay algunas imprentas en la zona.

Cerca de ahí están el Antiguo Colegio de San Ildefonso y la Secretaría de Educación Pública, ambos con murales importantes. Si solo tienes tiempo para un recinto en todo el fin de semana, cualquiera de los dos es una buena elección, siempre que confirmes antes si está abierto ese día.

Para cerrar, vuelve al Zócalo al mediodía. Después de dos días caminando, la plaza se ve distinta: ya reconoces las calles que desembocan en ella y tienes una idea de lo que hay detrás de cada fachada.

Cómo moverte

El Centro se recorre mejor a pie. Para llegar, el Metro tiene varias estaciones en la zona, como Zócalo/Tenochtitlan, Allende y Bellas Artes, y también pasan varias líneas del Metrobús. Si llegas en auto, considera dejarlo en un estacionamiento fuera del primer cuadro: las calles son estrechas y muchas son peatonales.

Usa zapatos cómodos. El pavimento es irregular en varias partes y es fácil caminar más de diez kilómetros en un día sin darte cuenta.

Detalles prácticos que ayudan

  • Lleva efectivo en billetes pequeños para puestos y mercados, aunque cada vez más negocios aceptan tarjeta.
  • En temporada de lluvias, de junio a septiembre aproximadamente, es común que llueva por la tarde. Un paraguas pequeño o una chamarra ligera resuelven el problema.
  • Guarda el celular cuando no lo uses, sobre todo en calles muy concurridas. Es una recomendación que aplica en cualquier zona con mucha gente.
  • Toma agua con frecuencia. La altitud de la ciudad hace que te canses un poco más rápido si vienes de un lugar a nivel del mar.

Lo que te llevas

El Centro Histórico no se termina en un fin de semana, y está bien que así sea. Lo valioso de ir sin prisas es que empiezas a notar cosas que antes no veías: el olor a pan en ciertas esquinas, la cantidad de oficios que siguen vivos en sus calles, la forma en que el edificio más viejo y el más nuevo conviven en la misma cuadra. Esa es la ciudad que vale la pena conocer.